No podía negarle que parecía sincero en sus declaraciones y al temblar, tan incesantemente como lo hacía, me demostraba que mis suposiciones eran ciertas; cuando en la noche en que me poseyó brutalmente, creí que era un hombre humillado, acomplejado por el veneno del rechazo que otros le sembraron.
— ¿Y Leanne de Leiamther? —Inquirí—. La vi abandonar sus aposentos en el momento en el que me disponía a contarle sobre nuestro hijo.
El rey se incorporó y súbitamente abandonó la alcoba, sin dar más