No quise tardar más. Regresé al caballo y seguida por Blehien, me dejé escoltar por los guardias, que recibían el impacto de las flores arrojadas desde los balcones. Se entonaron himnos, escuché las risas de los niños y disfruté viéndolos jugar con los adornos arrancados de mi traje, hasta que el verde de la pradera me devolvió la serenidad.
Ya me sentía mejor, casi aliviada, pero sabía que en cuanto mis ojos chocaran con los del rey, reviviríamos lo acontecido en la noche anterior y las heri