En ese momento dejé ser la reina de Áthaldar para convertirme en la sobrina de Rowner de Missen, un hombre capaz de entrenar a una niña pequeña, del modo más cruel, con tal de enseñarla a defenderse.
No tenía armas ni escudo, era lenta y por supuesto que jamás igualaría en fuerzas al atacante, así que decidí evadir sus golpes y apagar cada sonido que me llegaba, o no encontraría una forma de derribarlo.
Aguanté la respiración y esperé a que insistiera en alcanzarme con su espada. No titubeé, a