—Su esposo murió para salvarme —le dije—. Me protegió hasta el último momento.
Ella derramó tantas lágrimas como las que yo contuve y sentí que el aire no era suficiente para devolverme las fuerzas. Sabía que no era apropiado continuar hablando de lo ocurrido y que se suponía que debíamos celebrar en lugar de lamentarnos, sin embargo, no podía dejar que todos ignoraran la valentía de aquel hombre por el cual yo tenía la oportunidad de estar allí.
—Lo alcanzaron flechas, lo atravesó una espada y