La pelirroja fue la primera en alcanzarme y le hice entender que no deseaba que me flanqueara; estaba bien que yo corriera riesgo, pero no por ello pondría en peligro a otros.
Las fanfarrias se dejaron escuchar estridentemente y atravesamos las murallas de Hanadál, precedidos por el cortejo de nobles y guardias. Las armas esparcían los destellos del sol en cada dirección y el colorido era admirable, sin embargo, no esperaba ver al pueblo reunido para recibirme. Probablemente enviaron mensajeros