Una vez más las pesadillas tomaban forma, fuera de mi mente y unidas a las amenazad de Éhiel, consiguieron arrancarme la serenidad que hasta ese momento impresionaba a cuantos me veían.
No me detuve a pensarlo y a pesar de que mi corazón se desgarraría para dejar una parte junto al rey, preparé el viaje de regreso. Dízaol insistió en acompañarme y me negué, porque su valor inspiraba a los soldados y me sentiría más segura sin un hombre tan leal como él protegía a Rownan. El astil del fuego era