La noticia llegó seis meses después de la muerte de Erik, cuando los niños tenían dos años y medio.
Un emisario apareció en las puertas de Luna Plateada, exhausto y herido. Era de las Tierras del Norte, más allá de las montañas, territorio que Dante apenas conocía.
—Alfa Dante— el emisario jadeó mientras Luna trabajaba en sus heridas. —Traigo advertencia urgente.
—Descansa primero —Dante ordenó. —Luego habla.
Pero el emisario negó con la cabeza ferozmente. —No hay tiempo. Los humanos.