Helena reconoció aquella voz profunda y directa.
Escuchó cómo a él se le escapó un suspiro. Su oreja se volvió sensible, al igual que su cuerpo, debido a las cosquillas del aire caliente que llegó a ella; o eso creyó sentir.
―¿Heli? ¿No quieres hablar conmigo? ―Esa voz lastimera fue diferente al saludo seco del principio.
Helena aclaró su garganta. Fingió que no estaba afectada, para nada, y susurró:
―Hola. ―Con la cara enrojecida.
El silencio se adueñó de ambos. Helena apretó los labios. Aquel