El silencio en el vehículo fue mortal.
La ira de Helena fue voluble, tanto que ninguno de los guardias se atrevió a preguntar lo que había ocurrido.
Al paso de los minutos, se dio cuenta de lo que hizo. Miró el móvil del guardia, que había sido despojado de su batería para evitar ser contactado, otra vez. Se arrepintió de ser tan impulsiva, pues Russell tenía en sus manos a su amada madre.
Le contó a los guardias sobre el posible paradero de Linda. Los hombres con seriedad se comunicaron con su