Durante varios días, el corazón de Helena permaneció pesado.
En completa soledad luchó consigo misma. No quería arrepentirse de sus decisiones, unas que por fin había tomado sin contemplar el bienestar de los demás. Fue egoísta, sí. Pero ella al fin había podido dar ese primer paso para su genuina libertad.
Miró por la ventana de su habitación. El hermoso jardín y las palmeras repartidas por distintos puntos tenían un aire único. Pensó en que a su madre le habría encantado dar un paseo para con