Helena pudo ver el terror en los ojos de Roger.
Aquel hombre duro e indiferente ante cualquier situación, había palidecido ante unos trozos de papel.
Él revisó cada hoja con urgencia; todas ya poseían su firma. Con una mano se agarró la cabeza y leyó de nuevo el documento. Parecía buscar respuestas, explicaciones por semejante decisión. Helena sonrió con diversión. No había esperado ver esa reacción en él.
―Pero, ¿por qué...? ―Roger apenas pudo preguntar.
―Es un asunto privado. ―Helena se hizo