La mente de Helena estaba ausente.
Las voces a su alrededor eran lejanas y difusas. Le hicieron varias preguntas y respondió de forma automática con lo primero que se le cruzó en la mente.
No comprendió nada del extenso parloteo, pero tampoco le interesó, así que dejó pasar de largo muchas cosas.
Le mostraron telas coloridas, joyas brillantes, pero sus ojos no captaron nada de aquellos objetos llamativos. Percibió el olor en el aire, fragancias dulces y suaves que flotaron en la habitación que