Roger dio órdenes a sus soldados con el corazón latiendo a mil por hora.
El Lycan había sido abatido, pero fue atendido con primeros auxilios y preparado para ser llevado de urgencias al laboratorio; el único lugar seguro para él y para todos.
Su estado de salud era bueno, pero no estaba fuera de peligro, pues debían extraer la bala de plata y darle los cuidados necesarios para mantenerlo estable, y sobre todo vigilado.
La mente de Roger se llenó de preocupaciones. No sabía como enfrentar a Gloria, más sabiendo el cómo ella le odiaba.
Había sospechado de que ella ya se había enterado sobre su identidad por su actitud. Pero ella no lo expulsó abiertamente y su jefe, al contrario, le apreció bastante. Así que pensó que ninguno de los dos lo había descubierto.
―Señor, tiene que venir rápido, rápido. ―Escuchó a su subordinado en el auricular.
Roger había olvidado su misión de limpiar el desastre. Dio un último vistazo al camión que se alejó en la distancia, en el que su medio hermano viaj