Cuarta noche. La luna llena estaba en su máximo esplendor.
Roger vio aquella esfera blanca en medio del despejado cielo nocturno; a través de la ventanilla de la camioneta. El auricular en su oído resonó.
―Esperando órdenes. ―Se comunicó uno de sus subordinados.
―Inicien la inspección. ―Roger ordenó a través de un micrófono alojado en la banda de su cuello.
Ante la señal, sus soldados se movieron con sigilo y en completo silencio.
Habían cruzado las fronteras del territorio de la manada hace mucho tiempo, así que actuaron a discreción, pues no sabían si aquel lugar pertenecía a una manada, o no.
Rastrear a un cambiante sin conciencia no fue difícil. El problema fue que a quien persiguieron, hasta fuera de la zona segura de la manada, fue un Lycan con alto porcentaje de consciencia.
Así lo catalogó Roger. Gracias a su experiencia al haber dedicado la mayor parte de su vida en el ejército privado de la manada, con una especialidad en cazar a los de su propia especie.
Aquella fuerza espec