La sala del Consejo quedó en silencio cuando el último de los ancianos terminó de hablar. Darius permanecía de pie, con los puños apretados y la mandíbula tensa, mientras las palabras flotaban en el aire como dagas envenenadas.
—La manada necesita estabilidad, Darius —insistió Morgana, la más antigua del Consejo—. Sin una compañera marcada, tu posición como Alfa queda vulnerable. Los clanes rivales lo saben, y los jóvenes de nuestra propia manada comienzan a cuestionarse tu compromiso.
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