El fuego crepitaba en la chimenea improvisada. Cada chispa que estallaba parecía un suspiro de advertencia.
Kael estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de madera de la cabaña. Sus ojos no se despegaban de la puerta, aunque sabía que por esa noche no habría ataque. Los lobos que los rastreaban no eran tontos. Esperarían la luna llena. La noche más débil para los no marcados... y la más peligrosa para los que están a punto de despertar.
Lía do