Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche se había adueñado del cielo sin dejar estrellas. Una oscuridad sin nombre cubría los árboles y el suelo, como si la tierra misma hubiera decidido contener el aliento. El viento, que antes obedecía la voluntad del niño, se había vuelto errático. Susurros corrían entre las hojas. Algo más se había despertado.
Desde lo alto del risco donde Kael solía meditar, una figura los observaba. Los ojos de Elenor brillaban con una luz cenicienta. No era ira lo que sentía. Era un duelo pr






