El libro descansaba sobre una mesa rústica en la tienda de Lía y Kael, abierto en una página que temblaba como si respirara. Las palabras estaban escritas en una lengua que no pertenecía a ninguna criatura viva, pero que Lía comprendía como si hubiese nacido con ella impresa en la piel.
Desde que lo habían recuperado del Abismo del Eco, la marca en su espalda no había dejado de brillar. Incluso mientras dormía, su cuerpo parecía estar canalizando energía. Magia antigua. Poder que no pedía permi