La luna se alzó como una herida abierta en el cielo. No brillaba: sangraba. Un rojo oscuro la cubría como un presagio, y los aullidos que resonaban desde el este ya no eran naturales. Algo se acercaba.
La manada de Piedra había reforzado su perímetro con runas protectoras y guardias en turnos dobles. Pero ni la magia ancestral ni las garras más filosas podían prepararlos para lo que estaba por venir.
Desde el horizonte, una tormenta de sombras se levantó sin nubes. Era como si la oscuridad cami