Los primeros rayos del sol bañaban el horizonte, tiñendo el cielo con suaves contornos rosados y naranjas. La brisa fresca de la madrugada acariciaba mi piel mientras caminaba hacia casa, con el cuerpo adolorido, el cabello enmarañado y cubierto de hojas secas. Iba descalza, sucia y aún con el recuerdo latente de una noche mágica que me dejaba el corazón y el alma ligeros, como si algo dentro de mí se hubiese liberado.
Subí los últimos peldaños del porche y entonces lo vi, sentado en el umbral