—No puedo creerlo… —murmuré, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho.
—No puede ser tan difícil de creer —replicó Selyna con una mueca amarga—. Mira lo que te hizo a ti.
Suspiró con fuerza, pasándose una mano por el cabello alborotado.
—Uff… no puedo tener esta conversación sobria. Dame un segundo.
—¿Adónde vas? —pregunté, al verla levantarse de la cama.
—Shh —me acalló alzando la mano y llevándose los dedos a los labios con gesto dramático—. Ahora vuelvo.
La escuché alejarse a toda pri