—¿Ves? Te dije que si te tomabas la medicina, en nada estarías de pie —dijo Selyna, colocándose detrás de mí con las manos en la cintura y una sonrisa triunfal iluminando su rostro.
Yo no podía apartar los ojos de mi reflejo. Frente al espejo, mi mirada recorría las pequeñas cicatrices que aún marcaban mi cara, huellas visibles de aquella noche que me había cambiado para siempre.
—Voy a ir a buscar a mi hijo —declaré sin pestañear, con la voz firme, aunque el corazón me latía con fuerza en el p