— Darian, déjame ir ahora mismo o te juro por Dios que… —grité, con la voz quebrada por la rabia y el miedo.
Él ladeó la cabeza con una sonrisa torcida, burlona.
— ¿Que qué, Nyra? ¿Qué vas a hacer? ¿Acabar con mi vida? ¿Arrancarme el rostro? ¿Quemarme vivo, como la última vez? —Su voz era un susurro venenoso que se deslizaba por la habitación como una serpiente.
Rió. Una carcajada baja, sin alma, que me heló la sangre.
— ¿No quieres saber cómo escapé? —Se acercó con pasos lentos, felinos, hast