—¿C…cómo? —balbuceé, con la voz cargada de rabia. La ira en mi interior crepitaba como una hoguera descontrolada, avivada por cada palabra, cada mentira revelada. Superaba con creces al miedo que intentaba abrirse paso en mi pecho.
—Nyra... —murmuró Selyna, dando un paso hacia mí. Sus movimientos eran lentos, casi felinos, como si temiera asustarme aún más. Su voz intentaba calmarme, pero ya era demasiado tarde para eso.
—Toda esa charla sobre Alan siendo un traidor... —jadeé, sintiendo que el