Lobo Blanco Capítulo XVl.
Al principio, la vida en su territorio se sintió como un respiro.
Nos asignaron una vivienda limpia y cómoda. Mi hijo pudo dormir en un lecho seco, comer sin que cada bocado dependiera de una cacería rápida, y tener otros cachorros cerca aunque aún permaneciera callado, demasiado callado para su edad.
A veces lo observaba desde la distancia, jugando de forma torpe con los demás o simplemente sentado en silencio, y me dolía no poder arrancarle las sombras que cargaba en la mirada.
En cuant