Capítulo XV.
Después de días de caminar, cada sendero calculado, cada comida cazada, cada refugio asegurado, finalmente llegamos a la manada del Alfa Leonel, en el Sur.
Los cachorros estaban cansados, sus pequeñas patas marcadas por el barro, pero seguían a mi lado. Sus miradas eran una mezcla de miedo, desconfianza y, para mi sorpresa, un atisbo de esperanza.
Durante el camino habíamos enfrentado a un par de Renegados que merodeaban en busca de presas fáciles. Los eliminé rápido, silenciosamente, sin d