Capítulo 88.

El campamento era, en pocas palabras, un desastre sangriento.

No quedaba una sola esquina limpia, ni un árbol que no mostrara marcas del líquido rojo. Las carpas estaban rasgadas, y el aire tenía esa pesadez después de una batalla, cuando la adrenalina se apaga y queda solo el cansancio.

El lobo blanco había ido a buscarme algo de comer mientras yo revisaba el lugar. Papá había ordenado reforzar el perímetro, así que más allá de nosotros, no quedaba nadie protegiendo el campamento. Los demás es
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