Capítulo 37.
Y los humanos aún dudaban.
Todos esos segundos de inseguridad se resolvieron rápidamente cuando Zayn salió de entre los árboles y se plantó a mi lado. Su respiración era fuerte, su postura desafiante.
—Yo también soy hijo de los Supremos —dijo con voz grave, resonante—. Si la quieren a ella, me tendrán a mí también. Llévennos a los dos.
Los hombres se quedaron mirándonos, midiendo cada palabra, cada gesto. El silencio se estiró como una cuerda a punto de romperse.
Yo casi hice una mueca.