Capítulo 30.
Corrí a toda prisa hacia la Casa de la manada, sintiendo que el corazón me golpeaba contra las costillas. El caos me rodeaba: lobos de aquí y allá, aullidos, órdenes que se cruzaban, y mi mente intentando procesar que ésta sería la primera vez que estaría tan cerca de una guerra.
Al entrar, lo vi: el tío Gail, firme y serio, dirigiéndose hacia los adultos que todavía estaban organizando a los recién llegados. Me detuve un instante, jadeando.
—Alina —dijo, al verme llegar, sin levantar mucho