Capítulo 31.

La defensa no era suficiente. Podía sentirlo en la forma en que los gruñidos se multiplicaban, en la violencia de los golpes contra la tierra y en los chillidos que helaban la sangre.

Bart volvió a maldecir, bajo y entre dientes, y nos miró a todos. Cincuenta cachorros, temblando, con los ojos como platos. Su expresión me revolvió el estómago: estaba tan asustado como nosotros, solo que intentaba disimularlo.

—Voy a comprobar la situación afuera —dijo, aunque ninguno necesitaba escuchar la
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Angelica Sepulvedaque bueno que les dio la cerbatana a otros ella capaz y le da a Bart en la nalga jajajajajaa
Cristina Sánchezay mi Alina siempre pensando en los demás, esta niña es toda una cachorra astuta
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