Capítulo 100.

Me quedé recargada contra la puerta del baño, los brazos cruzados y la frente fruncida.

El vapor todavía salía por las rendijas y el sonido del agua apagaba un poco los pensamientos que no quería tener.

Aun así, no podía dejar de pensar en todo lo que mamá me había contado unos minutos antes.

—Así que... también llegaron hasta la manada del tío Gail —repetí, sin moverme.

Del otro lado, mamá suspiró

—Sí. Cuando llegamos, la batalla ya casi había terminado —respondió—. Tu tío y los suyos resistie
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