Rowan
Los eché a todos.
No con gritos ni insultos, aunque ganas no me faltaron. Edward había querido quedarse de guardia, Roxie seguía con sus comentarios sarcásticos para disimular la preocupación, y Fernanda se había empeñado en que yo necesitaba “un descanso de la presión marital”. Pero no. No había manera de que soportara otra voz en este cuarto.
Clara descansaba en la cama, su respiración profunda, apenas interrumpida por algún gemido suave en sueños. El brebaje que le había dado Cordelia