Clara
La luz me envolvió como un agua demasiado pura para mis pulmones.
Era fría y hermosa, y sin embargo sentí que intentaba vaciarme.
Él estaba allí, no con un cuerpo, sino con presencia: un centro de gravedad en medio de la sala. A su lado, la Diosa Luna tenía una serenidad que cortaba, una sonrisa casi dulce que no tocaba los ojos.
Varek gruñó, pero su gruñido quedó suspendido en el aire, como si alguien lo hubiera aprisionado dentro de un cristal invisible.
Edward se mantuvo un paso d