Rowan
Cole miró sus manos. Las contrajo. Y en ese gesto abrió la puerta por donde entró lo que no tenía nombre.
La vi: no como figura, sino como hueco. Astaroth no cayó sobre él como cae un depredador. Se filtró por la rendija que la ira había abierto. Una oscuridad silenciosa, satisfecha. Lo supe, mirando, algo había cambiado para siempre.
La siguiente secuencia fue una letanía.
Decisiones tomadas en las que la compasión perdió por un margen amplio. Órdenes dadas con voz más dura y sin racion