Rowan
Caminábamos detrás del ángel y el vampiro, sus siluetas adelantadas en silencio, como si fueran los únicos dueños del camino.
Zeiren mantenía las alas ocultas, pero aun así, la fuerza que desprendía me crispaba los nervios. Damien, en cambio, parecía aburrido, como si todo aquello fuera un paseo rutinario.
Nos detuvimos a unos metros de la cabaña. El vampiro extendió la mano, y el aire se quebró frente a nosotros como un vidrio hecho añicos. Un portal se abrió, arremolinando sombras y fu