Rowan
El aire afuera estaba distinto. Más denso, cargado con un salitre que no había sentido en años. Apenas crucé la puerta, Varek levantó el hocico, olfateando el viento, buscando respuestas.
Edward salió detrás de mí, cerrando la puerta con un portazo suave. Caminamos sin decir ni una palabra, estábamos reconociendo el lugar, alertas a cualquier amenaza.
Avanzamos en silencio sobre el suelo blando, cubierto de musgo, y cada paso crujía como si estuviéramos caminando sobre huesos antiguos. A