Edward
No recordaba la última vez que me sentí así de vivo.
El frío seguía ahí, pegado a los pinos y a la tierra a nuestro alrededor, pero dentro de mí algo había cambiado de eje. El mundo encajaba. El aire sabía distinto.
Mi lobo respiraba sin gruñir. Y yo… yo tenía a Roxie entre los brazos, con la espalda aún marcada por la corteza del árbol y la boca manchada de mi sangre.
Habíamos dicho “te odio” demasiadas veces para contarlas.
Mentiras...
Lo supe en el instante en que la marqué y ella