Rowan
La habitación todavía olía a sangre, sudor y a nosotros.
El viento empujaba la ventana de vez en cuando y el marco se quejaba con un crujido suave, como si también estuviera cansado.
Yo no me sentía así. O tal vez sí, pero en ese cansancio había una paz que no recordaba haber sentido jamás.
Clara dormía con una mano abierta sobre mi pecho, como si me reclamara incluso en sueños. Tenía los labios húmedos, hinchados y relajados. Sus mechones de cabello rebeldes pegado a la sien, y el puls