Aldric
Desperté con un sabor amargo en la lengua y un zumbido clavado detrás de los ojos. El techo giró un segundo antes de fijarse en su lugar. Parpadeé. El olor a artemisa y sangre me subió por la nariz como un recuerdo torcido.
"La chiquilla me envenenó."
No lo vi venir. O, peor, lo vi y subestimé que se atreviera.
Me incorporé con un gruñido. La cama estaba fría. La puerta entreabierta. Una sombra de perfume y miedo aún flotaba en la madera. Llamé a los guardias con la voz áspera.
—¡Imbéci