Clara
—Hazlo —susurré, y en ese instante mi destino cambió para siempre.
La voz entró.
Pero no fue como con Roxie. No hubo calor ni poder abrasador recorriendo mis venas. No hubo fuego devorando mi piel ni carcajadas desafiantes en mi cabeza.
Fue frío.
Un frío tan brutal que me arrancó el aire de los pulmones. Un frío que no era de la nieve ni del bosque, si no de algo más antiguo y mucho más tenebroso.
Sentí cómo mi cuerpo se endurecía, como si me hubieran sumergido en un lago helado. El tembl