Clara
Sabía que algo no iba bien desde que volvieron a entrar en la habitación.
Había aprendido a distinguir los pasos. El ritmo rápido, firme, pero cargado de intención. Ya no eran las mujeres encargadas de prepararnos. Eran otras. Más duras y frías. Con órdenes distintas.
No nos hablaron.
No tenían por qué hacerlo.
Nos tomaron del brazo y nos obligaron a ponernos de pie. Mis piernas temblaron. No porque me resistiera, cosa que no podía, sino porque el cuerpo no respondía como antes. Entre los