Capítulo 24: Vendida

Clara

Lo supe desde que abrieron la compuerta.

Ese sonido metálico y oxidado —tan distinto al de las rejas internas— significaba solo una cosa: me iban a sacar de las profundidades de la mina.

El aire limpio entró a mis pulmones con fuerza. Ya no era aire de mina. No era húmedo, ni espeso, ni tenía olor a polvo y suciedad.

Era aire real.

Fresco.

Con aroma a hierba fue lo primero que reconocí.

Y entonces el cuerpo me tembló.

No por el miedo, aunque si lo sentía, sino por la certeza de que, por p
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