El silencio cayó como un golpe seco.
Leo me miraba como si no acabara de procesarlo.
Reyk apretó los labios.
Eiden bajó la mirada.
Yo sentí que el aire se me acababa.
—Sí —dije al fin—. Estoy embarazada. Es lo que hay. No soy una niña, ya no. Y francamente, con todo lo que ha pasado, esto es lo menor por lo que debemos preocuparnos.
Como si fuera la cosa más normal del mundo.
Reyk dio un paso hacia mí.
—¿Desde cuándo lo sabes?—Sus ojos chispeaban, pero no maldijo.
Y lo agradecia.
Siempre h