Esa noche, después de cenar, salí al jardín.
El aire estaba frío, pero no tanto como para obligarme a regresar.
Necesitaba respirar.
No queria hablar con Eiden.
Demasiados secretos habian quedado a la luz.
Al menos de su parte. El sabe todo de mi. El lo dijo desde que nos vimos en el lago.
Soy suya.
Se me llenan los ojos de lagrimas y me siento en el sillon de madera y decorado con cojines de color rosa palido.
—¿Por qué yo?—susurré mirando la luna.
Me siento que le pertenezco. Que en verda