Lena caminaba por el pasillo de regreso a la Unidad de Cuidados Intensivos, sintiendo que sus pies pesaban más que el resto de su cuerpo. Llevaba ya tres horas atrapada en ese hospital, un lugar que parecía existir en una dimensión distinta, donde el sol no salía y el aire siempre olía a metal, a enfermedad y a esa limpieza química que se te pega a la ropa. En su mano derecha apretaba un vaso de cartón; era su segundo café negro en menos de dos horas, un líquido amargo que apenas lograba manten