Lucian caminó por la nieve sin sentir el frío ni el dolor de sus heridas. No le importó que Daren Kirk se hubiera ido ni que el jardín estuviera destrozado. Solo tenía una imagen en la cabeza: Lena cayendo desde el segundo piso. El zumbido en sus oídos era fuerte, pero se obligó a avanzar hacia los arbustos donde la había visto caer.
La encontró tirada entre las ramas rotas. Estaba muy pálida y no se movía. Lucian se arrodilló a su lado. La herida de su pecho, causada por la daga de obsidiana, le quemaba cada vez más, pero la ignoró. Le tocó el cuello para buscarle el pulso; estaba débil, pero viva. La levantó con mucho cuidado, tratando de no lastimarla más. Lena no tenía huesos rotos a la vista, pero estaba totalmente desmayada por el golpe y el gas que había respirado en la habitación. La apretó contra su pecho y caminó de regreso a la casa.
Al entrar, el vestíbulo estaba lleno de humo. Olía a pólvora y a quemado por todas partes. Había fuego en las cortinas, pero Reyk ya lo estaba