El enfrentamiento entre los dos hermanos Azuleja se desató con una violencia que hizo que incluso los guerreros de la Secta se detuvieran a observar. Lucian, el Alfa que siempre había cargado con el peso de la responsabilidad, y Veer, el hermano que creían perdido y que ahora regresaba como una aberración de odio y suero.
La nieve, que antes caía con delicadeza sobre el jardín de los Azuleja, ahora era arrastrada por ráfagas de viento provocadas por el desplazamiento de dos cuerpos que se movían a velocidades inhumanas. Lucian no esperó a que Veer terminara su discurso de odio. Se lanzó hacia adelante, convirtiéndose en una sombra de fuerza bruta que impactó contra su hermano menor antes de que este pudiera reaccionar.
El choque inicial fue sordo y pesado. Los antebrazos de ambos colisionaron con un sonido similar al de dos rocas estrellándose en el fondo de un barranco. Veer, impulsado por la droga del lobo hueco, no retrocedió ni un milímetro. Al contrario, sonrió con una mueca dese