El salón comunal de Brumavelo no era lujoso, pero había sido cuidadosamente preparado para la cena de cortesía. Las mesas estaban adornadas con ramas de ciprés, jarras de barro bien pulidas, y telas bordadas a mano con el emblema de la aldea: una loba de mirada fiera.
Darien fue el primero en llegar. Había elegido su atuendo con esmero. Una capa negra con detalles en plata, camisa de lino oscuro entallada al cuerpo, botas pulidas hasta brillar y un broche de obsidiana en forma de lobo en su pe