La sala del consejo estaba en penumbra, iluminada solo por las antorchas montadas en los muros de piedra. La atmósfera era densa, cargada de juicio, como si cada palabra dicha allí tuviera el peso de la historia y la sentencia de los ancestros.
Darien estaba sentado en el centro, el rostro inescrutable, las manos entrelazadas sobre la mesa de piedra negra. Cada miembro del consejo ocupaba su sitio. Aldrik encabezaba la reunión, con la mirada fija en su nieto, como un lobo viejo esperando que