La noche era espesa y pesada, como si el aire mismo llevara el peso de las decisiones no dichas. En los jardines interiores de la Torre de los Alfas, bajo un roble antiguo que había sido testigo de generaciones enteras, Nerysa y Cael se encontraban sentados, juntos pero distantes, ambos con la mirada perdida en el cielo sin luna.
El silencio entre ellos no era incómodo. Era grave. Un silencio cargado de pensamientos, de miedos que ninguno se atrevía aún a pronunciar.
—Ya lo están diciendo en